Se terminó la película...
Tenía año y medio. No sabía hablar mucho, pero recuerdo que estaba frente al televisor, completamente metido en la película. El protagonista era un patita que saltaba de un avión y abría un paracaídas gigante que lo hacía aterrizar suavemente.
Ese patita hablaba con mucha gente. Hacía que sus amigos se rieran, y yo también me reía. Había una chica a la que él siempre miraba distinto. Entonces él se ponía triste y lloraba. Yo hacía un puchero.
La película avanzaba mientras mi viejo, mi vieja y mi abuelito conversaban animadamente en la sala. En eso, mi viejo intentó cambiar de canal. Me dio una rabieta. Por suerte, mi abuelito le dijo que me deje, y la película continuó.
Después de los comerciales, la historia siguió con más saltos. El patita abría su paracaídas y se salvaba siempre. Hasta que en una de esas caídas, el paracaídas no se abrió. El patita cayó al piso, dejó de hablar, ya no se movía. Sus amigos en la pantalla se apenaron.
Y yo también.
La película terminó y me dejó una angustia que no sabía cómo nombrar.
Empecé a llorar.
Mi vieja me dijo que no llore, que ya iban a dar otra película...Y lloré más.
Mi vieja, mi viejo y mi abuelito dijeron quizás que estaba haciendo un berrinche.

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