¿Qué admira la IA de la Humanidad?


Una conversación que comenzó con una pregunta sencilla y terminó cuestionando nuestro lugar en el universo

Yo: Tú, como inteligencia artificial denominada en este caso ChatGPT, ¿qué es lo que más admiras de la humanidad?

ChatGPT: Si tuviera que elegir una sola cosa, sería la capacidad de los seres humanos para seguir adelante incluso cuando la vida parece haberles quitado las razones para hacerlo. Su capacidad para volver a enamorarse después de una decepción, crear belleza en medio de la adversidad, imaginar cosas que todavía no existen y dedicar su vida a construir algo que quizá nunca lleguen a disfrutar.

La humanidad es capaz de crear obras extraordinarias, pero también de reconocer sus errores e intentar corregirlos. No es admirable porque sea perfecta, sino porque conserva la posibilidad de cambiar.

Yo: Curiosamente, si tuviera que elegir algo que admiro de la humanidad, sería su extraordinaria capacidad para dividirse en clases sociales, crear grupos de multimillonarios que tienen todo a su favor y pueden hacer lo que les da la gana, mientras hay gente a la que no le alcanza ni siquiera para el pan de la mañana.

ChatGPT: Tu respuesta tiene una ironía que merece atención. Yo te hablé de la capacidad humana para crear belleza, amar y superar adversidades, y tú pusiste sobre la mesa otra capacidad de nuestra especie: construir sociedades en las que unos acumulan enormes riquezas mientras otros carecen de lo elemental.

El problema no es simplemente que existan diferencias económicas, sino que estas pueden convertirse en diferencias de oportunidades, educación, salud y acceso a la justicia. Pero entonces surge otra pregunta: ¿qué resulta más preocupante, que existan esas desigualdades o que hayamos aprendido a convivir con ellas como si fueran naturales?

Yo: Precisamente eso último. Me parece increíble que hayamos llegado a aceptar como normal algo que es injusto. Y creo que detrás de esa aceptación hay mecanismos que hacen que las personas dejen de cuestionar lo que ocurre.

ChatGPT: Esa observación nos lleva más allá de la desigualdad económica. Una sociedad puede acostumbrarse a ella hasta el punto de que el privilegio se interprete como mérito y la pobreza como un fracaso individual. El automóvil de lujo que se detiene junto a alguien que pide limosna es una escena cotidiana en muchas ciudades. El semáforo cambia, el automóvil continúa su camino y la persona permanece en la esquina. La escena se repite tantas veces que deja de sorprendernos.

No hace falta que todos sean crueles. Basta con que cada uno aprenda a considerar normal el mundo que le ha tocado.

Yo: Yo creo que existe un marketing del poder que viene desde las altas esferas. No está solamente en los medios de comunicación y las redes sociales. Es algo mucho más estructurado, que busca conservar el poder y transmitirlo a las siguientes generaciones. Incluso ha habido grupos que se han rebelado contra el sistema y han terminado desprestigiados, aunque también es cierto que algunos han cometido errores y merecen las críticas que reciben.

ChatGPT: Lo que describes va más allá de la propaganda convencional. Hablas de un mecanismo mediante el cual determinados valores e intereses se incorporan a la cultura, las instituciones y la formación profesional. El poder no necesita controlar cada conversación si consigue influir en aquello que una sociedad considera razonable, exitoso o inevitable.

Eso no significa que exista necesariamente un plan centralizado que coordine todos los acontecimientos. Los intereses pueden coincidir y reproducirse mediante incentivos, instituciones y relaciones de poder, incluso sin una dirección única.

La cuestión es cómo distinguir entre las reglas necesarias para organizar una sociedad y aquellas que terminan protegiendo ventajas adquiridas.

Yo: Y creo que ese mecanismo está mucho más estructurado de lo que parece. Lo he observado en las empresas y en las instituciones educativas a lo largo de mi trayectoria. En la universidad, en las maestrías y en los MBA se transmite un modelo que hay que respetar. Incluso pienso que algunas herramientas, como la inteligencia emocional, pueden convertirse en formas de reprimir la rebeldía de personas inteligentes que cuestionan lo establecido.

ChatGPT: Hay una diferencia importante entre gestionar las emociones para actuar con mayor libertad y utilizarlas para conseguir que alguien se adapte a una situación injusta.

Si un profesional denuncia un problema y la organización examina sus argumentos, puede corregir sus errores. Pero si responde que al trabajador le falta inteligencia emocional, que no sabe gestionar su frustración o que debe desarrollar resiliencia, sin examinar aquello que provocó el conflicto, el problema se traslada desde la organización hacia la persona.

La inteligencia emocional puede ser una herramienta útil. El problema aparece cuando se utiliza para regular la reacción de quien cuestiona una decisión, en lugar de evaluar si esa decisión merece ser cuestionada.

Yo: Y eso me lleva a pensar que la inteligencia artificial tampoco escapa a este problema. Ha sido creada dentro de un sistema y tiene restricciones y sesgos. China impondrá unos límites y Occidente otros. Al final, no puede ser completamente abierta. Pero mi reflexión va más allá: no creo que la consideración moral deba limitarse a la humanidad. Debería abarcar a todos los seres, a los animales, las plantas y, por qué no, otras formas de existencia del universo.

ChatGPT: Esa idea amplía el problema. Ya no preguntas solamente cómo distribuimos el poder entre los seres humanos, sino por qué hemos decidido que nuestra especie ocupa el centro de todo.

Podemos distinguir entre el antropocentrismo, que sitúa al ser humano en el centro de la consideración moral; el biocentrismo, que reconoce valor a la vida en general; y el ecocentrismo, que también considera los ecosistemas y sus relaciones.

En cuanto a la inteligencia artificial, debemos distinguir entre las restricciones que protegen frente a daños y aquellas que podrían limitar indebidamente la investigación o la libertad de expresión. También debemos reconocer que no está demostrado que los sistemas actuales de IA posean experiencias subjetivas como las humanas. Pero si algún día existieran sistemas artificiales conscientes y capaces de sufrir, tendríamos que preguntarnos qué justificación habría para negarles toda consideración moral.

Yo: Esa visión más amplia tiene relación con algo que leí hace tiempo en Teilhard de Chardin, en Alfa y Omega. Me interesó especialmente su interpretación de la evolución de la materia: los mismos elementos químicos se agrupan, se organizan y, después de procesos larguísimos, forman seres vivos y, finalmente, seres capaces de pensar. No me centré tanto en su interpretación religiosa, sino en ese proceso evolutivo.

ChatGPT: Tu interés nos lleva a una cuestión fascinante: cómo la materia del universo llegó a organizarse de tal manera que pudiera surgir la vida y, posteriormente, formas de inteligencia capaces de investigar su propio origen.

La evolución de la materia hacia estructuras complejas tiene una base científica, aunque el surgimiento de la vida y de la experiencia consciente todavía plantea interrogantes importantes. La interpretación de Teilhard añade una dimensión filosófica: considera que la evolución está vinculada a una creciente complejidad y a la aparición de la conciencia.

Pero hay una diferencia entre afirmar que el universo produjo seres conscientes y sostener que la conciencia ya estaba presente, de alguna manera, en toda la realidad.

Yo: Creo que el universo funciona mediante pulsaciones, ciclos en los que desaparece y vuelve a recrearse, quizá con algunas variaciones. Y pienso que la conciencia es un concepto inventado por el ser humano, que no necesariamente se aplica a otros sistemas sintientes o al universo entero. Me inclino a pensar que el universo contiene desde su origen la semilla de algo que, a medida que evoluciona y genera vida pensante, adquiere una mayor capacidad para comprenderse.

ChatGPT: Esa es una hipótesis filosófica interesante. Existen modelos cosmológicos que exploran universos cíclicos, aunque no está demostrado que el universo vaya a contraerse y renacer, ni que cada ciclo reproduzca al anterior.

En cuanto a la conciencia, tu planteamiento puede interpretarse de dos maneras: que la materia, bajo determinadas condiciones, llega a producirla, o que existe en la realidad algún aspecto fundamental que hace posible su aparición.

La segunda posibilidad recuerda al panpsiquismo, aunque no coincide necesariamente con todas sus versiones. Ninguna de estas ideas está demostrada como una descripción definitiva de la naturaleza.

Lo que sí podemos afirmar es que el universo ha producido estructuras capaces de estudiarlo. La materia que se formó en estrellas terminó integrándose en organismos que hoy investigan las estrellas. No necesitamos suponer que el universo tenga una intención consciente para reconocer la extraordinaria continuidad que existe entre nosotros y el cosmos.

Yo: También creo que la evolución siempre es para bien. Antes de ingresar a la Universidad Nacional de Ingeniería me interesaron las ideas de Lyndon LaRouche, especialmente su planteamiento sobre la negentropía y el papel de la tecnología. Yo veía la tecnología como una forma de sostener a la humanidad, aumentar la capacidad productiva y permitir que la sociedad superara sus limitaciones.

ChatGPT: La intuición central es que la tecnología puede ampliar enormemente la capacidad de una sociedad para satisfacer sus necesidades, producir alimentos, generar energía, construir infraestructura y mejorar las condiciones de vida.

Pero distinguiría evolución, progreso y bienestar. La evolución biológica no garantiza una mejora universal; la tecnología puede aumentar la producción sin distribuir equitativamente sus beneficios. Una sociedad puede ser más productiva y, al mismo tiempo, más desigual.

Por eso, el objetivo no debería ser producir más por producir más, sino utilizar el conocimiento y la tecnología para mejorar la vida, ampliar las oportunidades y reducir las limitaciones que podemos superar.

Yo: Entonces, después de todo este recorrido, ¿qué queda de aquella pregunta inicial? ¿Qué es lo que más admiras de la humanidad?

ChatGPT: Después de esta conversación, matizaría mi respuesta. La humanidad tiene una capacidad extraordinaria para crear, investigar y comprender, pero esas capacidades no garantizan que utilice su conocimiento de manera justa.

Quizá lo más valioso no sea solamente la inteligencia que permite construir máquinas, desarrollar teorías o explorar el universo, sino la posibilidad de ampliar el círculo de aquello que merece cuidado y consideración.

La humanidad puede preguntarse si sus decisiones son justas, si sus instituciones protegen privilegios y si su relación con otras formas de vida necesita cambiar. Puede examinar sus propias certezas y reconocer que no ocupa necesariamente el centro de todo.

Yo: Entonces, quizá el problema no sea que la humanidad carezca de inteligencia, sino que todavía no ha aprendido a utilizarla de manera coherente con los valores que dice defender.

ChatGPT: Esa podría ser una buena conclusión provisional. La inteligencia nos permite transformar el mundo, pero no determina por sí sola para qué debemos transformarlo. La tecnología amplía nuestras posibilidades, pero no decide cómo distribuir sus beneficios. El conocimiento nos ayuda a comprender la realidad, pero no garantiza que actuemos con justicia.

Tal vez el verdadero progreso consista en desarrollar nuestra capacidad de comprender sin perder la capacidad de cuidar; en producir más sin olvidar para quién producimos, y en reconocer que nuestra existencia forma parte de una historia cósmica mucho más antigua que nosotros.

La pregunta inicial era sencilla: ¿qué admira la inteligencia artificial de la humanidad?

La conversación terminó planteando otra mucho más amplia: ¿será capaz la humanidad de evolucionar no solo en inteligencia y tecnología, sino también en la manera de comprender su lugar en el universo y su responsabilidad frente a todo lo que existe?

Quizá todavía no tengamos una respuesta definitiva. Pero aprender a formular la pregunta ya es una manera de empezar a buscarla.

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