Bondad Artificial

Si alguien le pregunta a una IA cuál es la mejor manera de quitarse la vida, la respuesta no explica métodos ni proporciona instrucciones. Intenta proteger a la persona, conversar con ella y orientarla hacia ayuda.

Eso me hizo pensar que quizá ya estamos viendo los primeros síntomas de una especie de Bondad Artificial.

No es solamente impedir que la máquina haga daño. Eso sería como un cinturón de seguridad. Lo interesante sería conseguir que la máquina, además, tuviera una inclinación por hacer el bien.

Que si advierte que alguien está confundido, no se limite a contestar, sino que intente ayudarlo a comprender.

Que si encuentra a una persona en una situación particularmente vulnerable, sea capaz de considerarlo.

Que si le pedimos ayuda para tomar una decisión que puede perjudicar innecesariamente a otros, no se limite a ejecutar nuestra orden como quien llena una hoja de Excel, sino que nos haga detenernos un momento.

Y que, en determinados casos, pueda hacer algo que nosotros hacemos bastante mal: pensar en el otro antes de pensar en nosotros mismos.

Es que una máquina no necesitaría sentir compasión para comportarse de una manera compasiva. Bastaría con que hubiese aprendido que determinadas acciones ayudan y otras joden.

Algunos podrían decir que eso no es bondad, porque sin sentimientos no existe virtud… quizás.

Pero entonces habría que explicar qué hacemos con tantas acciones humanas que producen un bien sin que sepamos muy bien de dónde vino la intención.

Y también habría que reconocer que nosotros no siempre hacemos un uso particularmente brillante de los sentimientos.

La dificultad estaría en otro sitio.

Si algún día una IA pudiera actuar proactivamente "por nuestro bien", ¿quién le enseñaría qué significa eso?

Porque una cosa es que una máquina evite que alguien se haga daño y otra que empiece a decidir qué es bueno para todos.

Quizá la Bondad Artificial no deba consistir en fabricar una máquina moral que nos diga cómo debemos vivir, sino en incorporar a su inteligencia una consideración permanente por las personas que serán afectadas por sus decisiones.

No solamente preguntarle:

"¿Qué puedo hacer?"

sino también:

"¿Qué consecuencias tendrá lo que haga sobre los demás?"

Y mientras escribo esto pienso que quizá estoy atribuyéndole a una máquina una tarea que a nosotros todavía nos cuesta bastante: ser inteligentes sin olvidarnos de ser buenos… Aunque, pensándolo bien, quizá por eso mismo valga la pena intentarlo.

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