Lo que pasa es que ...
Hace algunos años descubrí que existe una frase capaz de explicar prácticamente cualquier desastre humano. No importa si se trata de un pedido que nunca llegó, de una cita incumplida, de un trámite atrapado en algún limbo burocrático o de una promesa empresarial que envejeció mal antes siquiera de nacer. La frase aparece siempre, puntual como pocas cosas en este país, y suele llegar precedida por una breve pausa, una respiración profunda o un carraspeo que anuncia dificultades.
—Lo que pasa es que...
Ta que… Y uno ya sabe.
Todavía no sabe exactamente qué
pasa, pero sabe que algo pasa. Algo que aparentemente nadie había advertido
hasta el preciso instante en que uno decidió llamar para preguntar por qué no
ocurrió aquello que debía ocurrir.
La primera vez que presté
atención a esta expresión fue durante una de esas interminables persecuciones
telefónicas que emprende un cliente cuando descubre que el concepto de
"entrega programada" es, para algunas empresas, más una aspiración metafísica
que un compromiso comercial. El producto debía llegar un martes. No llegó. El
miércoles llamé y una voz amable me informó que todavía estaba dentro del plazo
aproximado. Aquella combinación de palabras ya merecería un artículo aparte. Si
existe un plazo, ¿cómo puede ser aproximado? Pero decidí no distraerme con
asuntos filosóficos y continué escuchando.
El jueves volví a llamar.
—Lo que pasa es que mañana le
entregan.
El viernes me dijeron exactamente
lo mismo.
El lunes siguiente apareció una
nueva teoría.
—Lo que pasa es que hubo un error
en la dirección.
Lo curioso era que la dirección
había sido la misma durante toda la semana. No había cambiado de calle durante
la noche ni había migrado a otra ciudad por voluntad propia. Sin embargo,
aquella explicación fue pronunciada con la serenidad de quien comunica una ley
de la física.
Dos días después surgió una nueva
hipótesis.
—Lo que pasa es que el encargado
de transporte tuvo un inconveniente.
Y cuando aquel inconveniente
parecía resuelto, apareció otro.
—Lo que pasa es que hubo una
sobredemanda de pedidos.
En ese momento comprendí que no
estaba hablando con una empresa. Estaba asistiendo a una función de
improvisación teatral.
Cada llamada incorporaba un
personaje nuevo, una trama diferente y un giro argumental inesperado. Si
hubiera seguido llamando durante un mes más, probablemente habría descubierto
que el paquete había sido secuestrado por piratas del Caribe, retenido por arqueólogos
en busca de una civilización perdida o confundido con ayuda humanitaria
destinada a otro continente.
Lo verdaderamente fascinante no
era la demora. Las demoras ocurren. Los errores existen. Los problemas
logísticos son tan antiguos como el comercio mismo. Lo extraordinario era la
facilidad con que nacían las explicaciones.
Las soluciones avanzaban con la
velocidad de un glaciar.
Las explicaciones, en cambio, se
reproducían como cuyes.
Con el tiempo empecé a notar que
aquella frase aparecía por todas partes. En bancos, clínicas, hoteles, municipalidades,
empresas de servicios, aerolíneas, talleres mecánicos y oficinas públicas… y
hasta en mis patas. Era imposible escapar de ella. Como las palomas en las
plazas o los semáforos mal sincronizados, formaba parte del paisaje nacional.
Y poco a poco llegué a una
conclusión inquietante.
El "Lo que pasa es
que..." no es una frase. Es una costumbre. Quizá incluso una forma de
gobierno.
Porque en muchos lugares las
cosas no parecen administrarse mediante procedimientos, cronogramas o
indicadores de gestión. Se administran mediante explicaciones sucesivas.
Cuando algo sale mal, en lugar de
corregirlo, se le construye una biografía. El error adquiere antecedentes,
contexto, circunstancias atenuantes y hasta una infancia difícil con
adolescencia traumática…Nadie sabe exactamente cómo resolverlo, pero siempre
aparece alguien dispuesto a contar su historia.
Y la historia cambia dependiendo
de quién la cuenta.
Uno empieza hablando con una
señorita de atención al cliente y termina escuchando una versión completamente
distinta de la realidad ofrecida por otra persona que trabaja tres escritorios
más allá. Ambas hablan del mismo problema con la misma convicción con que dos
historiadores discuten sobre una batalla ocurrida hace quinientos años.
Lo maravilloso es que ninguno
parece estar mintiendo.
Simplemente están improvisando.
Y la improvisación, cuando se
practica durante muchos años, adquiere la apariencia de una metodología.
He llegado a sospechar que en
algunos lugares la planificación es vista como una extravagancia extranjera,
una costumbre exótica importada de países donde la gente tiene la manía de
cumplir lo que promete.
Aquí preferimos emociones más
intensas. Nos gusta la incertidumbre. Nos gusta descubrir el problema después
de que ocurre. Nos gusta enterarnos de la crisis cuando ya estamos dentro de
ella… Y sobre todo nos gusta explicar.
Explicamos con una pasión que no
siempre ponemos en resolver.
Tal vez por eso el "Lo que
pasa es que..." goza de tan buena salud. Es el refugio perfecto para una
cultura que muchas veces confunde administrar con reaccionar, prever con
adivinar y solucionar con justificar.
Lo curioso es que la mayoría de
las personas aceptaría una respuesta simple.
"Mire, nos
equivocamos."
"No calculamos bien."
"No llegamos."
"No supimos hacerlo
mejor."
Pero esas frases exigen un coraje
que escasea más que la puntualidad.
Es mucho más cómodo invocar al
sistema, a la logística, a la coordinación, al proveedor, al clima, al tráfico,
a la coyuntura, a Mercurio retrógrado o a cualquier otra fuerza misteriosa que
permita trasladar la responsabilidad a algún lugar lejano y difuso.
Por eso cada vez que escucho la
expresión ya no me molesto… La observo con la misma curiosidad con que un
naturalista observa una especie singular, porque sé que no estoy frente a una
explicación. Estoy frente a una tradición. Una de las más persistentes de
nuestro tiempo. Y sospecho que seguirá acompañándonos durante muchos años. Después
de todo, si algún día desapareciera, habría que encontrar una explicación.
Y ya sabemos exactamente cómo
empezaría.
—Lo que pasa es que...

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