1% de posibilidades, 99% de fe
Ayer vi algo que se me quedó dando vueltas en la cabeza más tiempo de lo normal. Horas antes de enfrentar a Argentina apareció una frase desde Miami, dicha por el defensor y referente caboverdiano Diney Borges. La frase decía: “1% de posibilidades, 99% de fe”, y me empezó a conmover … Uno ve este tipo de frases en huachafos polos estampados, estados de WhatsApp o en esos calendarios gratuitos donde aparece una catarata, un cerro bacán y un águila mirando el horizonte como si estuviera reflexionando sobre el sentido de la existencia.
Pero esta vez era diferente.
Porque una cosa es poner esa
frase debajo de la foto de un atardecer y otra muy distinta es lanzarla antes
de jugar contra Argentina. Estamos hablando de la Argentina campeona del mundo,
con Messi, con jugadores que cuestan cifras que parecen presupuestos nacionales
y con esa tranquilidad medio irritante que tienen algunos equipos grandes, esa
tranquilidad de quien entra a Tambo a comprar una botella de agua porque ya da
por hecho cómo va a terminar la historia.
Y al frente estaba Cabo Verde.
Un país con poco más de medio
millón de habitantes. Algunos distritos de Lima tienen más gente.
Además, las matemáticas tampoco
parecían particularmente entusiasmadas con la idea. Los modelos estadísticos,
las probabilidades y seguramente alguna Inteligencia Artificial con complejo de
sabio ya debían haber hecho sus cálculos y habían llegado a una conclusión
bastante elegante que, traducida al lenguaje humano, decía algo parecido a:
“Muchas gracias por participar”.
Pero los de Cabo Verde parecían
haber decidido algo rarísimo: no iban a aceptar la realidad tan rápido.
Y eso me llamó la atención porque
uno normalmente hace exactamente lo contrario. A nosotros nos dicen que las
probabilidades son bajas y comenzamos a retroceder con una velocidad admirable.
Si nos dicen que algo tiene pocas posibilidades de funcionar, inmediatamente
aparecen frases muy sofisticadas como “Pensándolo bien, en realidad no lo
quería…” o “Realmente no es el momento adecuado”.
Pero no es así…
La mayoría de las veces
simplemente nos asustamos y le ponemos nombres elegantes.
Pero los caboverdianos salieron a
jugar creyéndose la historia completa, y eso es peligrosísimo porque existen
personas que creen y existen personas que creen tanto que comienzan a contagiar
a otros. Y eso fue exactamente lo que sucedió porque la frase empezó a aparecer
por todos lados, la gente comenzó a compartirla y los neutrales empezaron a
subirse al barco. De pronto ya no parecía solamente Argentina contra Cabo
Verde; parecía la lógica contra un grupo de personas que se había negado a leer
las instrucciones.
Y mientras veía todo eso me
acordé de algo porque esa frase ya la había escuchado antes.
La había dicho Neymar.
Y esa historia también había
comenzado pareciendo una pésima idea.
En febrero de 2017 el Barcelona
perdió cuatro a cero contra PSG. No una derrota de esas donde uno todavía sale
haciendo análisis tácticos y hablando de posesión o errores defensivos. No, no
no. Era una de esas goleadas donde el hincha deja de analizar fútbol y se queda
mirando una pared mientras reconsidera varias decisiones importantes de su
vida.
Las estadísticas eran brutales.
Nadie había remontado algo así en la historia de la Champions y mientras medio
planeta futbolístico ya estaba organizando el funeral apareció Neymar (si, el
de las vueltas inacabables en el piso…) y soltó una frase que en ese momento
sonó simplemente chévere: “Si existe un 1% de posibilidades, tendremos un
99% de fe”.
Y después ocurrió una de esas
cosas que hacen pensar que el fútbol a veces parece escrito por alguien que
exagera demasiado.
Barcelona ganó seis a uno.
Pero lo más absurdo es que la
gente suele acordarse del resultado y olvidarse de la locura que hizo Neymar.
Metió un gol de tiro libre en el minuto 88, marcó un penal en el 91 y terminó
dando la asistencia para el gol definitivo en el 95. Imagino la desesperación
de los jugadores del PSG porque a los 88 minutos alguien debió pensar: “Bueno,
ya pasó lo peor”.
Y el universo probablemente
respondió:
“Todavía no empezamos”.
Argentina terminó ganando ayer,
sí. Cabo Verde quedó fuera. Pero mientras terminaba el partido me quedé
pensando que hay personas que creen que la fe sirve únicamente cuando uno gana,
cuando las cosas empiezan a acomodarse y las probabilidades comienzan a ponerse
bonitas.
Creo que funciona exactamente al
revés. La fe aparece antes. Sirve cuando todavía no hay nada. Sirve cuando las
matemáticas ya hicieron su trabajo y la lógica terminó de explicarte, con
absoluta tranquilidad, por qué no tienes posibilidades.
Porque la lógica tiene un
problema cojudo: solo sabe contar lo que ya existe.
La fe, en cambio, tiene esa
costumbre extraña de comenzar a contar cosas antes de que aparezcan.
Y muchas veces las cosas empiezan
precisamente ahí.

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