La envidia sana y la de la otra

Imaginen a esa flaca en la chamba que es simplemente deslumbrante. Con su apariencia y su  inteligencia, logra ascender rápidamente en la empresa. Todos la admiran, pero, claro, entre bambalinas, algunos colegas sienten una pizca de envidia. Se preguntan cómo es posible que alguien sea tan hermosa y brillante al mismo tiempo….convencidos de que la belleza y la inteligencia no pueden ir de la mano…

Ahora, en cada oficina hay un alma pacífica, alguien que siempre está listo para mediar en los conflictos y tender una mano. ¡Es como si fuera el pacificador oficial! Este encantador colega se convierte en el favorito de todos, pero, siempre hay aquellos que secretamente envidian su habilidad para evitar los enfrentamientos. ¡Desean poder mantenerse al margen de los dramas laborales sin sentir la necesidad de involucrarse! Pero, cada quien tiene su estilo para lidiar con los conflictos. Ser accesible no significa que uno sea incapaz de enfrentar desafíos o expresar su opinión…

Y qué decir del genio del equipo, esa mente brillante que parece tener todas las respuestas y soluciones. ¡Es el sabelotodo por excelencia! Despierta admiración y, claro, también envidia en sus compañeros. Aquellos que aspiran a su nivel de conocimiento y destreza se enfrentan a un desafío constante. Pero, ¡la envidia sana puede ser motivadora! A veces, es gratificante tener un modelo a seguir en el trabajo. Eso sí, no olvidemos que cada uno tiene sus propias habilidades y talentos…(aunque nadie envidia a aquel sabelotodo que no pierde ninguna oportunidad para que quede “clara” su “superioridad” intelectual…no….ese da pena solamente…).



Ah, y no podemos olvidar al héroe de la oficina. Ese valiente que no le teme a las injusticias ni a las situaciones indignas. Lo impresionante es que siempre se enfrenta a ellas con elegancia y educación. Todos se sienten inspirados, pero algunos no pueden evitar sentir una punzada de envidia. Se dan cuenta de que, en una situación similar, tal vez no habrían reaccionado con tanta clase y asertividad. Pero… cada uno tiene su propio estilo para enfrentar los desafíos. Envidiar la valentía de alguien no significa que no podamos encontrar nuestra propia manera de defender nuestros principios con dignidad.

La envidia, ya sea sana o tóxica, es algo común en el ámbito laboral. Pero, solamente hay que reconocerla, enfrentarla y abordarla de manera constructiva. Valoremos nuestras propias habilidades y busquemos inspiración en lugar de envidia, de forma tal que nos lleve por un camino mucho más divertido y exitoso en la chamba…


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