Olor a mar…
Manejaba por la Costa Verde, con el crepúsculo limeño extendiéndose como un incendio lento sobre el mar. El reflejo del sol en las olas me devolvía una nostalgia que no era de nadie, como si la memoria inventara recuerdos para acompañar la ruta. El aroma salado del aire se mezclaba con un silencio que parecía infinito, y yo, irreverente, sentí la urgencia de gritar “TE AMO”. Varias veces. Como un mantra exquisito, como una dosis de algo que me reseteaba por dentro y me sacaba la asfixia de los días grises. Como fumando, “golpeo” la brisa marina, y hasta siento el plancton…y sin vergüenza ni remordimiento grito TE AMO…y suspiro. Los ojos se me cerraron por unas breves segundos… Había escuchado hace años a un especialista en neurobiología decir que el amor es pura química cerebral, dopamina y oxitocina jugando a las escondidas. Pero yo, en ese instante, lo sentí más grande que cualquier fórmula: tan vasto que no alcanza una vida entera para asimilarlo. Quizás por eso existen las reen...